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La Buena Educación Financiera

En los negocios no prospera el que tiene más capital, sino el que tiene un verdadero plan a largo plazo. En un marco de 50 años hemos visto caer imperios empresariales en prácticamente todos los rubros. ¿Cómo puede una empresa líder en su ramo, con infraestructura millonaria e inversiones a nivel mundial, terminar en la quiebra? Las razones más comunes: “corta visión de los socios”, “malas prácticas en las operaciones”, o simplemente “exceso de confianza en el mercado”. Podríamos nombrar otras, pero una de ellas es clave: la administración financiera responsable.

¿Qué implica ser responsable en las finanzas? Va más allá de cuidar el gasto y vender más. La administración financiera responsable consiste en valuar perfectamente las opciones de inversión y gastos. Existen gastos de operación básicos que es imposible recortar, por lo que tenemos que sacar el mejor provecho de ellos. Por ejemplo: capacitar al personal los hará más eficientes y productivos, mejorando las operaciones sin incurrir en gastos fijos adicionales. Invertir de forma inteligente, realizando un proyecto de expansión con visión a futuro, donde cada peso invertido tenga un objetivo claro y preciso, nos dará siempre resultados favorables.

Un negocio con liderazgo y visión requiere también de una buena educación financiera que le permita contar con un capital disponible o con los medios crediticios necesarios para ejecutar las inversiones en el mejor momento.
Una buena educación financiera también implica disciplina. Hay que cumplir con las obligaciones a tiempo. De esta forma, se crea un lazo de confianza con las instituciones financieras y se consiguen condiciones de crédito más favorables.
Pero, ¿en qué consiste una buena educación financiera? Hay que tener claridad de metas y voluntad para realizarlas. Cuando hay metas claras, se pueden tomar las decisiones correctas y llevar a cabo acciones precisas para lograrlas.
En los negocios, todo esfuerzo debe poner sus miras en un resultado claro, preciso y alcanzable. Es bueno soñar con ser el mejor y ofrecer la mejor calidad, pero no todos logran enfocar sus acciones a objetivos concisos. Muchos toman malas decisiones, o se dedican sólo a vender, sin tomar en cuenta que “la ganancia acumulada” no sólo es para conseguir beneficios inmediatos, sino también la herramienta que les permitirá desarrollar estrategias para mejorar la calidad, ampliar sus mercados o adquirir tecnología de punta.

La educación financiera es un hábito. Emplea las buenas prácticas financieras y construye gradualmente una cultura empresarial basada en ellas.

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